Dejé de huirle al amor

Dejé de huirle al amor, porque comprendí que por más que corra, terminara por alcanzarme. Dejé de huirle al amor, porque comprendí que el amor es más rápido que yo. Dejé de huirle al amor, porque me alcanzo con la rapidez de una mirada.

Eduardo Horta G’

Cuando te de el primer beso

Y entonces cuando te de el primer beso, podrás mirar atrás y darte cuenta porque el amor te había abandonado tan a secas. Y luego en el segundo beso, le mirarás y te darás cuenta que todas las lágrimas tuvieron su recompensa. Y finalmente, en el tercer beso, te darás cuenta que no tienes más pasado, sólo presente y futuro, porque justo en ese beso descubrirás que le amas, y que nadie en el mundo te puede hacer más feliz.

Eduardo Horta G’

Nos perdimos

Nos perdimos antes de ganarnos, aunque suene ridículo. Nos perdimos antes de ganarnos porque ninguno rompió el orgullo. Porque no besamos con pasión, porque no hablamos con soltura, porque no miramos con ternura, porque no creímos, como creen los niños en el amor. Nos perdimos, y es una pena, porque se pierde sin luchar, y en el amor no hay nada mas trágico que perder sin intentar.

Eduardo Horta G

Estábamos enamorados

Nos alejamos porque inconscientemente teníamos pavor a todo lo que implica estar enamorados, aunque ya lo estábamos. Contestábamos mensajes a medias, cuando en realidad queríamos escribir un libro entero ahí. Nos detuvimos, y pienso yo que es natural, incluso, lógico. ¿Cuantas personas son lo suficientemente valientes para enamorarse?, yo no conozco a ninguna. Algunas dicen que es amor, pero en un par de semanas, o, talvez meses, descubren que sólo fue la emoción de esas primeras miradas, o esos besos apasionados. Nos fuimos apagando, pero nos amábamos, con tanta fuerza que éramos como polos iguales, y los polos iguales se repelen, así como tu y yo. Las cartas comenzaron a perderse, las flores a secarse, el saldo comenzó a agotarse, y así dejamos de hablar por horas, como al inicio, por la mañana antes de ir al trabajo, por la tarde en la hora de la comida, y por la noche antes de dormir. Aquellas horas se fueron convirtiendo en minutos, después en segundos, y luego en nada. Los besos fueron perdiendo sabor, y no porque el amor lo haya perdido también, si no porque el tiempo nos gasto los labios. Las palabras comenzaron a ser vacías, poco sinceras, dañinas, contrarias a lo que pensábamos, eso que a toda hora nos decíamos. Las caricias ahora fingidas, obligadas, sólo para no perdernos uno a otro, porque éramos conscientes que cuando la intimidad se perdiera, se perdería todo. Y no es que nuestra relación pendiera del sexo, pero, lo demás estaba tan gastado, que, era el único hilo que nos amarraba aún, por eso lo hacíamos a menudo, pero sin deseo, tengo esa certeza. Nos convertimos en extraños, no totalmente pero, deje de conocer sus gestos, porque así sin más empezamos a vernos sólo muy casualmente. La rutina, decía ella, y en el fondo también lo decía yo, con sinceridad, hasta que me ahogue. Muy tarde quisimos cambiar eso, y las flores regresaron, los mensajes y las llamadas también, incluso las palabras edulcoradas. Pero, (porque en el amor también hay peros), ya nos habíamos perdido, nos habíamos alejado, nos habíamos abandonado… Y lo trágico de todo es que aún no amábamos, a pesar del tiempo, a pesar de la rutina y todo lo que dije anteriormente. Nos amábamos de una manera rara, pero verdadera. Nos amábamos tanto que decidimos alejarnos, para ser los dos felices en otros brazos.

Eduardo Horta G’

La mujer de la sonrisa más hermosa del planeta

Mi tristeza era involuntaria, pues, aunque trataba de borrarla, me era casi imposible. Pero, la tristeza, al igual que la felicidad, carece de eternidad. Y entonces se esfumó, en el preciso momento en que la vi parada en la acera de enfrente. Yo estaba empapado, pero no de lágrimas. La lluvia arreció y yo estaba mojado hasta los poros. Y ella, tan perfecta como siempre. Levantó la mirada, yo la escondí un poco, para que no notara mi tristeza, después la levanté para verla, y, desapareció la tristeza, con la ternura de sus ojos. Quería cruzar la calle, pero, los coches no me lo permitían, y eso creció mi ansiedad por abrazarla, hasta que por fin pude llegar a ella, a sus brazos, y fue en ese momento que el mundo giró otra vez. Nos fundimos en un abrazo mágico, celestial, magnético, perfecto en realidad. Cuando nos separamos comencé a hablar de manera incesante, mayormente cosas tontas para hacerla reír. Y es que ella ignora lo que su sonrisa causa en mi. Es parecido al placer que me ocasiona escribir, leer o escuchar a Lennon. Cuando el autobús llegó, la abrace para protegerla, y aunque ella dice que exagero, para mi es natural. Porque, uno protege lo que ama, y yo la amo, si, la amo, de pies a cabeza, por eso la cuido, incluso del viento que la toca a placer. Usualmente odio la idea de estar en un camión lleno de personas, pero, fue diferente, porque, éramos ella y yo, juntos, amandonos a cada segundo. Mi boca aún no se detenía, mi catarsis emocional pende de mi desahogo verbal, pero, decidí detenerme un poco. Saque los auriculares y busque una canción que había querido dedicarle: “Somos Novios”, y mientras la melodía de Luis Miguel nos tocaba el alma, yo la abrazaba, la besaba, ahí, en medio de un mar de personas que iban con la mirada perdida, ignorando que el amor gobernaba todo aquel lugar, el amor, mi amor, su amor, nuestro amor. Cuando llegamos, extendí mi mano para acercarla a mi, de nuevo mi manía por protegerla, pero, ella es una mujer de carácter, y, era ella quien dirigía nuestro caminar. Ya era un poco tarde, pero no para el amor, porque el amor desconoce tiempos, climas, y aún por esas horas y con la lluvia golpeándonos la frente, estábamos dispuestos a amarnos. Aprovechamos el tiempo para llegar a su casa y dejar el helado de chocolate que tanto le gusta, tomar un par de sillas y sentarnos a ver una película, que, parecía nunca veríamos. El clima era frío, y nosotros cálidos, pegados uno a otro, acompañados de una tasa de chocolate caliente, unos panecillos y nuestros labios que no paraban de juntarse. No se cuantas veces le dije te amo, ni cuantas veces lo escuche. Sólo se que todo era bellísimo, inigualable, como nunca lo sentí. La película quedo a medias, yo tenía que irme, pero, la despedida me tenía más caricias, y más palabras.
-No quiero que te vayas.
-Ni yo quiero irme, amor. ¿Te puedo ver mañana?, o, ¿pasado?.
-Mañana amor, te amo.
-Yo te amo más, me voy.
-Esta bien, espero a que te vayas, quiero verte mientras te vas.
Acomode mi camisa que estaba un poco desaliñada, busque una canción, la mire por última vez, y entonces me fui. Suspirando, emocionado, ilusionado, enamorado. Saqué mi cuaderno, y la magia se apoderó de mi. Estoy enamorado, al límite, tanto que, en estos momentos no existe una persona que pueda hacerme sentir el poder que me hace sentir ella. En estos momentos no existe una persona que pueda hacerme sentir amor, así como me hace sentir ella. En estos momentos no existe nadie en el mundo con quien quiera compartir mi vida, sólo ella, la mujer de la sonrisa más hermosa del planeta.

Eduardo Horta G’

Ayer, el amor toco a mi puerta

Ayer, el amor toco a mi puerta. Estaba indeciso, no sabía si abrirle o correrlo a bofetadas. Ayer, el amor toco a mi puerta, y sentí pánico, mucho pánico, así que, con altivez le dije no. Ayer, el amor toco a mi puerta, y a pesar de mi reticencia, el continuo ahí, inamovible, como esperando a que bajará la guardia, pero. Ayer, el amor toco a mi puerta, y esta vez lo hizo con una sonrisa, una mueca divertida, que, derribó todas mis barreras. Ayer, el amor toco a mi puerta, y esta vez me encontró indefenso, sin más ganas de luchar, de resistirme, de huir. Ayer, el amor toco a mi puerta, en su mirada, en sus labios, y entonces fue que lo invite a pasar. Ayer, el amor toco a mi puerta, y cuando estaba dentro, me cambió por completo, porque, ayer, el amor toco a mi puerta, y desde ayer, soy la persona más feliz del universo.

Eduardo Horta G’

El amor no debe doler

Durante mucho tiempo no creí en el amor. Creo que fueron las decepciones. Estaba herido, y cuando las personas estamos heridas, estamos al mismo tiempo indispuestas para amar. Por eso no creía en el amor, porque las personas somos capaces de amar sólo en el momento en que no estamos heridos, porque las heridas duelen, y el amor, el amor no debe doler.

Eduardo Horta G’

El amor no es tiempo, el amor es sentimiento.

-¿En serio te puedes enamorar con tanta rapidez?
-Si, en la rapidez de una primera mirada, en la rapidez de un primer beso, en la rapidez de un primer abrazo, en la rapidez de un primer paseo por el campo, en la rapidez de la primera vez que se entrelazan las manos… Si, te puedes enamorar con esa rapidez, porque el amor no es tiempo, el amor es sentimiento.

Eduardo Horta G’

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