Te extraño

Te extraño como se extraña a alguien que se ama. Te extraño en el cuerpo y en el alma, en el ruido y en el silencio, en la paz y en la angustia, en la soledad y en la compañía, en la distancia o en la cercanía. Te extraño, porque cuando se ama, un segundo de ausencia se convierte en una eternidad.

Eduardo Horta G’

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Es una eternidad extrañarte

De verdad que hoy te extrañé. (…)
Esta noche te extraño.
Te extraño tanto que ésta soledad me hizo sentirme hueca y mis ojos parecen goteras porque me he roto.
Extraño tu físico porque sé que no tengo tu alma.
Aún.

Extraño tus manos finitas,
tu aliento,
tu cabello enmarañado que no necesita ser domado por peines porque tiene alma propia,
y tus lentes que tienen más graduación que universitario saliendo de la carrera.

Extraño tu voz, aunque la mayoría de las veces no hables,
o tus brazos que tienen el peso ideal y medida exacta para abrazarme.

Extraño tus penosas caderas.
Tu piel de seda, blanca como leche; que se eriza con un soplo burlón de mi boca.
Esa piel llena de colores, bombardeada por pecas, tinta, e historias que cuentas sin decir nada.
Tus costillas intocables.
Tu boca que es una aventura a la que me embarco escondida entre tanto ramerío.

Extraño tu cara velluda, tu barba negra que crece como naturaleza, y tu bigote que fluye como arroyo sin caudal.
Esos besos que me robas.
Los besos que pides con los ojos bien cerrados, con la boca apretada como si te la hubieran amarrado, y tus cejas alzadas esperando una respuesta.

Extraño tu mirada de miel: profunda, tierna, ingenua. Esos ojos curiosos por capturar toda imagen.
Tu pecho que parece el paraíso: una orquesta sinfónica que al recostarme en él retumba por saber que estás vivo.

Te extraño hasta los huesos.

Tus huesos.

Mis huesos.

Cuando chocan.

Cuando se alejan.

Cuando fluyen como escuela de peces.

Como vaivén de columpio.

Cuando recuerdo que guardo sólo fragmentos tuyos en mi memoria.
Tu olor.
Tu sabor.
Imágenes.
Sentirte, palparte.
Morderte, besarte.

Tengo nada de lo que he descrito tuyo a mi lado.
No estás cerca.
Ni tu alma lo está.
Ni en el más recóndito pensamiento en la esquina de tu cerebro me hé de hayar.

Porque esta angustia que me
acongoja está más honda que hoyo negro.
Porque esta noche hace frío, y el cielo tira gritos, estruendos y fotos para retratar mi soledad.
Porque no sé si yo sola este sufriendo tu soledad.
Porque se me acaba la vida esperándote una eternidad.
Y esta distancia que desgraciadamente; nos enfría cada vez más.

Colaboración de Karo Almeida, México

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