Amaba tanto

Amaba tanto cada una de nuestras memorias, que, la distancia me parecía absurda. Nos alejamos, tanto, que, solo nos quedaba justo eso, un par de memorias sobre esos días en que nos contábamos historias al oído. Aún me quedaban las huellas d tantas y tantas caricias, aún tenía los labios irritados de tantos y tantos besos, aún tenía el corazón agitado de tantas y tantas emociones, aún me quedaban fuerzas en ambos brazos de tantos y tantos abrazos, aún me quedabas tú, mi vida, aunque nos mantenía solos la inevitable distancia de no habernos seguido conquistando día con día.

Cuando ya me haya ido

Si, te extraño, y te extrañare por mucho tiempo, hasta que un buen día no me importe más. En cambio tú, estás en desventaja, porque no has aceptado que me extrañas, llevas una vida distraída con una y otra persona, pero, cuando tu festín termine, te acordarás de mi, y entonces te darás cuenta que me extrañas, como yo lo hago ahora. Pero, para tu infortunio, será cuando ya me haya ido.

Eduardo Horta G’

Nos marchamos

Los dos nos marchamos, cada uno tomó su rumbo para ser felices a su manera. No es que hayamos dejado de amarnos, pero si dejamos de amar el echo de estar juntos. Nos vimos obligados a pronunciar el adiós, porque las circunstancias aveces obligan, y así nos pasó. Creo que en ocasiones el amor no es suficiente para ser felices, y nosotros ya no lo éramos. Nos tomábamos de la mano sólo por el miedo de lo que significaba soltarnos y dejar que cada uno de nosotros caminara en rumbos opuestos. Eso sólo terminó por hacernos daño, más del que nos hubiésemos permitidos si no hubiésemos estado enamorados. Al principio tuvimos la esperanza de volver a estar juntos, pero una vez rota la conexión, no hubo manera de volverá a unir. Tú seguiste tu vida, quizá más pronto de lo que yo pensé, y no te juzgo, todos tenemos derecho a continuar, y para ser feliz todo es válido, incluso olvidar en dos o tres días todo lo habíamos vivido. Fue un golpe duro, me dejó tambaleando, con la mirada nublada. Y la ira me hizo responder de la misma manera. Así fue como los dos corrompimos ese amor que hubo algún día, y que aunque suene estúpido, sé que aún hay. Nos veíamos casualmente, con la sonrisa honesta, pero quebrada. Sólo pasábamos por un lado el uno del otro con la boca llena de palabras, pero con el corazón lleno de orgullo, y con el miedo natural de reconocer que nos habíamos fallado. También nos enviamos mensajes, triviales, vacíos, sólo para no abandonarnos de un día para otro. Hasta que no pudimos más y dejamos de hacerlo. Escuchabas rumores sobre mi, y yo los escuchaba sobre ti, y los dos simulábamos que no tenían importancia, aunque muy en el fondo nos partían el alma. Y la distancia se hizo irremediable, porque ya no nos veíamos, ni nos enviábamos mensajes. Dejamos que la vida siguiera sus planes y nos uniera por si sola en el caso de que así lo quisiera. Fuimos olvidando todas las noches juntos, todos los días que éramos uno mismo, todas las mañanas en que al despertar nos enviábamos un mensaje de buenos días y para recordar cuanto es que nos amábamos a pesar de que ya no éramos felices juntos. Olvidamos todas las risas imparables, todas las veces que lloramos juntos porque veíamos como destruíamos nuestra relación con actitudes abruptas. De la noche a la mañana olvidamos todo, pero no hemos olvidado que nos fundimos en amor, porque todas las caricias, todos los besos, todas las miradas quedaron grabadas con tinta indeleble en nuestros corazones, y eso, eso no se olvida en otros brazos, en un par de días, en muchos años. Serás y seré tu gran amor, ese amor por el que no luchamos, porque el miedo, aunado al orgullo, nos hizo tomar malas decisiones, y más que eso, nos hizo abandonarnos uno al otro, para nunca más volver.

Eduardo Horta G’

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