Era imposible no pensar en el

Era imposible no pensar en el. Cerraba mis ojos y lo veía, lo sentía cerca de mi, entonces tristemente los abría y recordaba que no estaba a mi lado, alejado de mi como yo de el.
Deseaba sus labios. Lo deseaba a el, necesitaba verlo, tenerlo cerca para poder abrazarlo y besarlo de igual manera en que lo hice la primera vez, con aquella dulzura y aquel encanto, todo perfeccionado a nuestro alrededor…
Colaboración de Narea González

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En un beso

Pon tus labios cerca de los míos, pero sin que se toquen. Deja que la gravedad se encargue de eso.
No habrá nada que decir si me das ese beso, si tus manos recorren mi cuello y mantienes tu cuerpo junto al mío.
Déjame disfrutar del calor de tu aliento mientras tú luchas para no caer en la tentación de mis labios.
Deja que el amor se encargue de manipular nuestros labios y nuestras miradas de hablar. Voy a hacer todo lo que tu elixir me diga, siempre y cuando tú lo hagas con las manos.
Caminaría sobre arena movediza si no retas a la gravedad y de una vez me besas. Deja de erizar mi piel y hacer bombear más sangre de la debida y bésame. Quiero escuchar el sonido de tu respiración y el de tus labios contrayendo los míos sin remordimiento.
Háblame de ti, acaríciame, abrázame, sonríeme, pero sólo con un beso. No omitas detalles, cuéntame de tu pasado en cada fricción de tus labios; acaríciame en cada roce placer; abrázame en cada exhalación de tu boca; sonríeme como si no me hubieras visto en años en cada abrir y cerrar de labios. Todo eso, en un beso.
Te advertiré de una cosa, y es que… te contaré sobre todo mi pasado, acariciaré tus tersos labios, abrazaré la reacción de tus labios al hundirse en los míos y te sonreiré con lujuria entre el encuentro de nuestros deseos carnales. Todo eso, en un beso.
Colaboración de Viridiana Ortiz

Mujer de mis ojos IV

Mujer de mis ojos
Es el tercer día de ausencia. Duele?. No se, en estos momentos estoy desconectado de toda realidad. Podrás creerme que sólo di un sorbo a un frío café en todo el día?. El resto del día lo ocupe durmiendo, otras veces leyendo, y en algunos otros momentos, como ahora; escribiendo. Saqué las fotografías, sólo las tuyas, bueno en realidad solo tengo fotos tuyas. Mujer de mis ojos, dígame que me dio usted para que la piense todos los días. Y no es que no me guste, si no que no encuentro explicación alguna, aunque a decir verdad me han dicho que el amor carece de explicación. Mujer de mi ojos, me pregunto que estará haciendo usted ahora, supongo que disfrutando su vida con su amado ese. Ah caray! Como es la vida de bruta, o bueno como somos nosotros de brutos. Nos enamoramos y el mundo deja existir. Podrá créeme usted mujer de mis ojos, que aún con sabiéndola con otro la amo más que mis amaneceres?. Así es, con todo y todo estoy aquí, por siempre, para siempre, sin condición, sin razón, sin explicación, sin usted… Pero con todo este amor, su amor. Sólo suyo. Mujer de mis ojos, me voy, mañana que amanezca, me escribiré otra vez para enfardar la con tantas letras en su nombre. Siempre suyo; Eduardo Horta

Eduardo Horta G’

Sólo un momento

¿Recuerdas cuando sientes que vas a estallar?, cuando, ¿abres los ojos y ves una luz cegadora que te impide ver lo demás? Cuando, corres y corres anhelando el final. Así me sentí yo hoy. Sentía que mi cabeza estallaría y me esfumaría como una nube de humo, que mi corazón se saldría de su sitio con sus palpitares enfurecidos. Con mi aliento agotado y mis pensamientos borrados por completo. Tanía la mente en blanco y no sabía cómo reaccionar.
Debatí conmigo misma. Estaba confusa y a eso le hacía falta sentido, no había razón alguna o suficientemente poderosa para que me deshiciera del deseo furtivo de acercarme, hablarle y estar juntos sólo un momento…
Colaboración de Linda Bueno, México.

Algún día

Algún día encontrarás a alguien a tu medida. Que se olvide de tu pasado, de tus fracasos, que no le importé lo que fuiste, lo que hiciste, lo que algún día por malos actos lo perdiste. Alguien que te levanté, que te perdone, que te cuide, que llore contigo y si es necesario que te haga llorar, alguien que te entienda cuando ni siquiera tu lo haces. Alguien que al entrar en tu vida te hará saber porque no funciono con nadie más, alguien a la medida.
Colaboración de Roseline Castillo, México.

Mujer de mis ojos III

Mujer de mis ojos
Hoy llegue a mi nuevo hogar. A decir verdad es frío como un congelador, pero no por el clima, si no por la ausencia de tus ojos. La soledad comenzó a abrigarme desde el primer día. Me la he pasado acomodando todas mis pertenencias, que se resumen al sentimiento y yo. Me recosté un par de horas, para cerrar los ojos y pensar en vos. Me acorde de aquel día en que nos besamos bajo la lluvia. Y deseaba que esa humedad me alcanzara hasta mi alcoba. Pero ahora solo puedo besar el recuerdo de esos labios rojos, de esos labios intimidantes que me besaron una y otra vez el corazón. Mujer de mis ojos, me pregunto que estarás haciendo en este momento, deseo que desees desearme, y quiero que quieras quererme, aún cuando me marché. Estoy loco, y sin remedio. Pues aún cuando no tienes pista de mi, nos seguirá uniendo el sentimiento. Mujer de mis ojos, aquí en mi soledad me acompaña su recuerdo, y ante tanta distancia puedo decirle a usted, que la amare hasta que estos ojos sean comidos por los gusanos, cuando descanse 6 metros bajo tierra. Buena noches, siempre suyo Eduardo Horta.

Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos II

Mujer de mis ojos
La extraño, siempre usted en mi cabeza. Hoy conseguí un nuevo empleo, uno muy bueno. Parece que el destino me quiere entero, vivo, con ganas de seguir. Todo se lo dedico a usted, aun cuando no lo sepa. Tengo la certeza de que algún día podrá leer mis cartas. Le he escrito ya un montón. Cuando la pienso, mis dedos no logran detenerse. Mi pluma debe odiarme y no la culpo. Yo y mi asidua insistencia de querer escribir todo lo que siento. Y más ahora que la soledad es mi única compañera. Me siento extraño, como si me hubiesen amputado una parte de mi, que se quedo ahí con usted. Yo creo que fue el corazón, o talvez el alma que quedo adherida a su pecho. Espero que me recuerde, y una que otra vez me llore. Cuando yo extraño, me da por llorar. Es la única manera en la que limpió mi alma. Mujer de mis ojos, hoy iré a dormir con la esperanza de soñar con usted, a su lado, beso a beso… Así qué me voy, la dejo un par de horas, mañana cuando despierte tomare nuevamente mi cuaderno para escribirle a usted cuanto la amo. Insisto; soy un loco, pero un loco enamorado. Hasta pronto amor mío, linda noche, desde aquí te mando un millón de abrazos, que espero le lleguen al corazón.

Eduardo Horta G’