Memorias de un viejo amor

Recuerdo haberle dicho que necesitábamos hablar. Esa trágica frase que usamos las personas para cerrar ciclos con otras personas. Ella solo asintió, y me pidió que fuéramos al parque, a nuestro parque, nuestro cómplice en el cariño, en el pecado, en el llanto, y en todo lo que se vive cuando compartes la vida por tres largos años con una mujer. Caminamos desencajados, a pesar de que, Karina desconocía que yo estaba a punto de huir, o al menos eso pensaba yo. Su semblante parecía haberle demacrado la cara, que lucía pálida como una nube que dibuja el cielo en el atardecer. Su mirada rechazaba el contacto conmigo, y yo, con el corazón apretujado, sólo la veía con la enorme culpa que acaecía en mi, por cortar de tajo nuestra relación, justo el día que cumplíamos tres años de haber firmado el pacto más hermoso que he vivido, ese pacto que nos unió en el sentimiento. Cuando por fin llegamos, su voz resonó fuerte en mi estómago. Dos simples palabras me revolvieron el alma.
-Te escucho.
Mascullo, mientras cruzaba sus brazos y me mataba con los ojos. Escuchar esas sencillas palabras me hizo caer en la realidad. Sabía lo que había decidido y que no daría marcha atrás, pero, porque hay un pero; el miedo me estaba consumiendo. El miedo a verme obligado a abandonar esos tres bellos años junto a ella, pues a pesar de las peripecias naturales de cualquier relación, soy consciente de que, jamás amare, como la ame a ella. Es una pena que por aquellos momentos no entendía eso, talvez el tren de mi vida iba muy a prisa y no me permitía ver con claridad el paisaje, aquel hermoso paisaje.
Ahora, era yo quien procuraba no dirigirle mirada alguna, así que comencé a hablar observando un enorme y familiar árbol, y me inundo un recuerdo, que plasme con tinta indeleble. Por mi mente paseaba esa tarde de diciembre, una tarde fría. El invierno estaba golpeado con fuerza, y el único calor que podía encontrar era el de sus manos, que se aferraban a mi cuello, mientras los míos se aferraban a su cintura. Sus rizos mágicos se paseaban por mi cara, el viento los empujaba tenuemente y al llegar a mi rostro, me hechizaban. Lo mejor de que su cabello llegara hasta mi rostro, es que, ella con sus delicadas manos lo recogía y aprovechaba el momento para regalarme una caricia. Era nuestro primer día siendo novios. Ese mismo día, apena unas horas antes, estaba sentado frente a ella, en este mismo parque, diciéndole cuán bella me parecía y lo mucho que deseaba que estuviéramos juntos. Y luego; bang, el beso más corto y más largó de mi vida, y también el más significativo, porque mediante ese beso, respondió a mi pregunta, y me unió a ella eternamente. Bien dicen que un beso es la expresión más pura del alma, por eso no necesite palabras, aquel beso me hizo saber que ella sería la mujer de mi vida. Lo triste e irónico del caso es que, en este mismo parque, me despedí de mi gran amor, de Karinna, la mujer de los rizos hechizantes, de la sonrisa de muñeca, del cuerpo exuberante, de ella, la dueña de mi amor.
-No es fácil decir lo que voy a decir. Dije mientras respiraba profundamente
-Igual lo harás, así que no hagas más duro esto, se lo que vas a decirme Lalo.
Me desarmo por completo, y el miedo, ahora se había profundizado. No podía romper el hilo de amor más sensacional que me unió con alguien, pero sabía que debía hacerlo.
-Karinna, estos tres años, eh aprendido más de la vida que en los 19 anteriores. Y no estoy tratando de endulzar el momento, ni de hacerlo menos fatídico. Es sólo que; te debo muchas cosas, demasiadas. Sonará exagerado, pero me salvaste la vida. Hace tres años, vivía aprisionado, falto de amor propio, inseguro, tímido, raro… Pero tu me puliste, como un diamante. Tu me hiciste entender que dentro de mi había un hombre capaz de hacer cosas maravillosas. A ti, te debo el amor que tengo ahora hacia mi, que lamentablemente por momentos se vuelve arrogancia, pero que sin ti, no hubiese conocido. Tu y sólo tu, eres la culpable absoluta, de que yo, volviera a creer en el amor. Me recogiste echo un guiñapo, cuando recién salía de una relación que, me sumió en la peor depresión que eh vivido. Pensé que después de Elizabeth, no habría mujer alguna que me llevase a las estrellas. Pase un tiempo prolongado sufriendo por una persona que no apreció un centímetro de mi existencia, y después, llegas tu; tan diferente, tan utópica, y tan mía. El mundo se puso de cabeza, porque era difícil creer para mi que, el amor nuevamente había tumbado mi cerco, y más, de esa forma tan inesperada.
Mis palabras fluían lentas, y llenas de sinceridad, de dolor, de miedo, de amor… El vacío ahora era profundo, como ese hueco que se siente cuando tenemos hambre, pero hambre de amor. Me detuve un par de segundos para tomar aire y continuar con lo que estaba diciéndole, pero ahora decidí mirarla a los ojos, quería que me desnudara, porque la mirada desnuda. Y sólo así podría saber que no estaba mintiéndole.
-Karinna, hoy cumplimos 3 años, justo. No se porque elegí este día para hacer esto, quizá fueron las circunstancias, soy de esos que creen en que la vida quita y pone por una razón, aunque esta sea desconocida. Recuerdas aquel 8 de enero?. Recuerdas como te miraba?. Recuerdas que después del primer beso no pude parar de comerte a besos?.
Comenzó a llorar y eso me apago por completo, las memorias que había aludido empezaron a sonar muy lejos. Como sí tres años hubiesen transcurrido en un chasquido de dedos.
-Claro que lo recuerdo, si ese ha sido uno de los mejores días de mi vida…
El llanto aumentó gradualmente, mientras desahogaba el corazón, sus ojos se iban mojando cada vez con más prisa.
-Eduardo (Odiaba que me llamara Eduardo, siempre me gusto que llamase Lalo, o como extrañamente me decía; Nenuky), tu eres un gran hombre, nunca nadie me había cuidado como tu. Es cierto que los dos nos volvimos excesivos en ese tema, pero, hasta ahora, no ha existido alguien que me regale esa seguridad que, entré tus brazos siento. No sólo yo te enseñe, tu me enseñaste también a mi. Gracias a ti, leo con más vehemencia, eh aprendido a valorar a mis padres y amigos y sobre todo; se gracias a ti, lo que es un amor incondicional. Porque lo diste todo por mi, aún cuando las cosas iban mal. Siempre recordare que no hubo un solo día, en que, de la universidad no me dejarás en la puerta de mi casa. No tienes idea de como enamoro eso. Las mujeres se enamoran de un hombre que las haga sentir seguras, grabátelo; por sí mañana decides estar con alguien más. Sólo te pido no me lo cuentes.
-Como se te ocurre pensar eso. Tres años no pasan desapercibidos, así que no tengo ni la más remota intención de estar con alguien más.
-Tendrá que pasar, lo sabes, aunque no lo aceptes. Tanto tu, como yo, encontraremos a alguien más. Es decir; no estarás sólo toda la vida cierto?. Tienes 22, yo 21. La vida es aún joven para ambos.
-No había pensado en eso.
Refunfuñe con la boca seca, con el nudo en la garganta.
-Es bueno saberlo Lalo, probablemente, así no me olvides muy pronto.
-Nunca te olvidare.
-Como puedes saberlo?.
-Porque aún no renuncio a ti, y ya siento como me amputaron una parte del corazón.
-Quien ama no renuncia.
-Si renunciar es lo mejor para la otra persona, es válido.
-Y como sabes que es lo mejor para mi?.
-talvez no lo sepa, pero ahora mismo no soy bueno para ti. Mi amor, te esta haciendo mal.
-Tienes razón, esperar y esperar marchita el corazón, seca las ilusiones, funde el sentimiento.
-Vez, es lo mejor. Aunque al dejarte ir, te llevas contigo más de media vida, de mi vida.
-Entonces es un adiós cierto?
-No lo se, el término “adiós”, me aterra, prefiero un hasta luego.
-Aquí no hay tiempos, esto será definitivo. El tiempo no sirve para remediar amores, sólo sirve para alejarlos.
-No digas eso por favor.
-al igual que tu, estoy siendo sincera.
-Esta bien Karinna, entonces esto es un adiós. Pero prométeme que no me olvidarás.
-No necesito prometerte nada, de ante manó sabes que no lo haré.
-Me alegra saberlo. Ahora, podemos irnos?. Necesito estar sólo. Estoy agobiado, talvez en un par de horas este llamándote, no se sí fue la mejor decisión.
-No la mejor, pero si la más sincera. Te salió del alma. Y sabes, hace tiempo que las cosas no iban bien y también pensaba en lo mismo. Así que no me llames, si es para eso, no estaré.
Y así la perdí, tan fácil, en un par de minutos, en el lugar más especial que existe en la tierra. Me marche después de dejarla en su casa, mi ex casa, la casa de los sueños. Ahí, dentro estuve con ellas de todas y cada una de las manera que un hombre y una mujer pueden estar. Le tome las manos, después la abrace con fuerza. No quería irme, pero tenía que hacerlo. Intente besarla, pensé en un beso de despedida, pero me rechazo; el adiós estaba consumado. Exactamente fue ese día, un 8 de enero, en el parque y después en su casa, cuando perdí por primera vez a Karinna. Y digo por primera vez, porque, la perdí en muchas ocasiones y de muchas maneras. Pero lo que resta a todo esto es decir que; La eh amado más que respirar.

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