En un beso

Pon tus labios cerca de los míos, pero sin que se toquen. Deja que la gravedad se encargue de eso.
No habrá nada que decir si me das ese beso, si tus manos recorren mi cuello y mantienes tu cuerpo junto al mío.
Déjame disfrutar del calor de tu aliento mientras tú luchas para no caer en la tentación de mis labios.
Deja que el amor se encargue de manipular nuestros labios y nuestras miradas de hablar. Voy a hacer todo lo que tu elixir me diga, siempre y cuando tú lo hagas con las manos.
Caminaría sobre arena movediza si no retas a la gravedad y de una vez me besas. Deja de erizar mi piel y hacer bombear más sangre de la debida y bésame. Quiero escuchar el sonido de tu respiración y el de tus labios contrayendo los míos sin remordimiento.
Háblame de ti, acaríciame, abrázame, sonríeme, pero sólo con un beso. No omitas detalles, cuéntame de tu pasado en cada fricción de tus labios; acaríciame en cada roce placer; abrázame en cada exhalación de tu boca; sonríeme como si no me hubieras visto en años en cada abrir y cerrar de labios. Todo eso, en un beso.
Te advertiré de una cosa, y es que… te contaré sobre todo mi pasado, acariciaré tus tersos labios, abrazaré la reacción de tus labios al hundirse en los míos y te sonreiré con lujuria entre el encuentro de nuestros deseos carnales. Todo eso, en un beso.
Colaboración de Viridiana Ortiz

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