Mujer de mis ojos XI

Querida hoy eh sentido una necesidad imperiosa de verla, de tocarle. Aunque soy consciente de mi realidad, de que sólo puedo sentirla. Pero le aseguro que sentir es un millón de veces más gratificante que ver. Aún así, extraño esos ojos color marrón, ese cabello acastañado, y sobre todo; esos gruesos labios de un rojo pasional. Hoy no hay mucho que contar, mi vida ah navegado en calma estos días. Sofía y yo hemos pasado momentos muy placenteros. Es una gran mujer, su paciencia raya en lo absurdo. No le molesta la sombra de usted, e incluso, de cuando en cuando ella me recuerda lo mucho que la amo a usted mujer de mis ojos. No se si por masoquismo, o simplemente por rendición, sabedora de que es usted mi musa de mil historias. ¿Sabe?, me estoy agobiando de escribirle tanto, y no tener una sola miserable respuesta. Por razones obvias comprendo que no me escriba, incluso que no haya leído nada de esto. Pero mis letras se están volviendo inútiles, arrumbadas en el buró que encierra mi cuaderno una vez que lo sierro. Pero sigue despejando esto mi mente, y mi espíritu entero. Porque la dibujo en mis entrañas, y luego de ahí pasa a formar parte de esto que vivirá aquí por siempre, hasta que sea yo un gran escritor. Señorita, la amo, me despido. Siempre suyo: Eduardo Horta
Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos X

Mujer de mis ojos , otro buen día para escribirle, otro día para pensarle, otro día más para amarle. Mujer de mis ojos, siento que, aterrice esta revolución de sentimientos que venían nublando me la vista. Ya sabe, la mujer esta, que había estado machacando mis sentir por usted. Ayer la vi, fuimos a pasear al parque. El clima era precioso, un viento seco nos acompaño todo momento. El sonido de las aves volando cerca de nosotros embelesaba mis oídos, y la charla enriquecía a un más, el placer de aquel paseo. Charlamos sobre casi todo, debo admitir que esa mujer es muy universal en sus temas de conversación. Y yo, extrañamente fungí como un oído sólido para ella. Hablaba parcamente, pero como usted sabe, con comentarios profundos. Mi intención era que la conversación me llevase hasta usted. Quería aclararle a mi acompañante que yo aún sigo enamorado de usted, y que el sentimiento nada lo romperá, ni si quiera ella. Después de un par de silencios, decidí empezar la catarsis, y como siempre, me deshice en halagos hacia usted. Mujer de mis ojos. Mis labios, mi garganta y mi corazón, se vuelven presa suya, y a detalle comencé a decirle todo. Al tenor de la conversación pude notar que su mirada se perdía en el cielo, eso me hacia pensar que estaba ignorándome. Pero, la realidad, es que estaba escuchándome, sin refutar nada, sólo quería que sacara todo. Una vez que termine, me miro fijamente, tomo mis manos y coquetamente se acercó a mi para decirme.
-Eduardo, entiendo todo eso que me dices. Yo también estuve enamorada, y te estoy hablando de un amor profundo. De esos amores que no se olvidan ni con un agudo sufrimiento. Pero tienes que ser consciente de algo; El amor, por naturaleza propia, e irrevocablemente. No se olvida, no se abandona, no se asesina. La única manera de superarlo es madurando lo. Es decir, entiendo que tu sentir esta aún cautivó en esa mujer, y que no encuentres el placer de besarme a mi. Pero nada es para siempre. ¿Cierto?. Así que puede que no sea mañana, ni pasado, talvez ni en diez años, que tu superes ese amor. Y eso no te quitara jamás el derecho o la necesidad de volverte a enamorar. Y el problema, el único problema que yo encuentro en esto, es que yo veo en ti a un hombre maravilloso, a un hombre honesto, a un hombre inteligente, pero más importante aún; yo veo en ti a un hombre de sentimientos pulcros. Y es toda esa suma, la que esta restandole fuerzas a mis deseos de irme. Porque se que vale la pena, esperar por ti. ¿Sabes algo?. Tu has echo que vuelva a poner toda mi fe en el amor, y eso no es cosa fácil. Mi madre me decía siempre que me veía triste, al igual que usted, por un amor mal correspondido: -Hija, llora, llora fuerte. Hasta qué el aire no te alcance. Porque te aseguro que no vas a morir. No conozco a nadie que haya muerto de desamor. Y ten presente algo hija: el amor es tan sabio, que todo este dolor te hará crecer como mujer, como persona. Te hará ser mejor en todo sentido. Y una cosa más. Cuando toda tu derrota pase, llegara un hombre que te mostrara nuevamente lo bello que es amar. Por eso quiero que llores, que sufras. Para que cuando el llegue, tu estés preparada, y como una leona, luches por estar con el.
-¿Te das cuenta Horta?. Todo eso que malvivi con el primer amor, ahora me tiene aqui. Firme, entera, con todo el poderío para esperar por usted, para esperar a que tu te derrotes y que tu amor madure, para que así puedas ver el brillo en los ojos de otra mujer.
Quede anonadado, pasmado de inicio a fin. Mi boca quedo como amarrada y mis ojos se concentraron fijamente en el piso. Tarde un par de minutos para discernir lo que acababa de escuchar. Después levanté lentamente la mirada, le acaricié la mejilla, y me acerque para besarla. Fue un beso por de más tímido. Pero fue uno de los mejores besos que haya sentido. Después de eso, mis brazos la rodearon, y su cabeza se cobijo en mi pecho. Mis manos comenzaron a acariciarle el cabello. Y después, mujer de mis ojos, después, reafirme mi pacto con usted.
-Sofía, lo que acabas de decir es un pensamiento muy profundo. Me sorprende tu calidad humana e intelectual. Pero quiero serte claro. Nunca voy a superar a Zoe, nunca. Saber porque. Porque eh prometido ser un gran escritor, y en esa promesa van incluidas un puñado de cosas relacionadas con Zoe. Pero la más importante es que; Cada una de mis letras serán para ella, siempre, hasta mi última coma, o punto. Quiero que ella quede inmortal en mis textos, porque les da vida. Y déjame serte honesto; eso ni un millón de tus besos lo transmutara. Soy consciente de que algún día me enamorare otra vez, pero quiero que esa mujer sea consciente de que tendré un amor raro, porque será compartido. Por una parte Zoe en cada una de mis letras, en la ausencia de sus ojos, en la lejanía de sus besos. Y el otro, en el día a día, en el beso a beso. Así que si tu estas dispuesta a leer a Zoe en mis libros… Entonces no hay nada que me separase de ti, ni si quiera Zoe.
Mujer de mis ojos, ya esta todo dicho. Siempre la amare a usted, eso no esta a discusión si quiera. Pero mi amor también será para otra persona, aunque se que suena estúpido y por demás cínico, que, puede sentir algo por dos personas a la vez. Ya me duele la mano, la dejo, me siento extraño, pero mejor ayer. Siempre suyo: Eduardo Horta
Eduardo Horta G’

Mi primer amor

Te extraño, siempre lo haré. Pero el vacío cada vez se vuelve menor, aveces es, incluso, imperceptible. No quiero asesinar las memorias por completo. Pero se que debo hacerlo. Algún día no muy lejano, voltearás la mirada y podrás decir; ese hombre postro todo su amor en mis ojos, toda su fe, toda su alma, toda su vida… Y talvez la dimensión de almas esté lejos, a años luz, porque debes saber que nada es para siempre. Ni si quiera un amor tan sólido como el que yo te he regalado en la distancia. La flor que emergía de mi pecho para ti, ahora vuelca sus ojos en otras direcciones, y esta vez lo hace diferente. Mi corazón quiere amar con esa misma intensidad a alguien más. Esta ávido de conocer un amor en correspondencia, en abundancia. No pienses que estoy despidiéndome, porque nunca lo haré. Siempre serás mi primer amor, aunque espero que no el único, pero si el primero. Y eh leído que el primer amor es tan fuerte que se calca en la piel, más fuerte que cualquier tatuaje, y también eh leído que ese amor te acompaña día a día hasta que el cuerpo no puede respirar más. Puede entonces, que en otra vida, recuerde tu aroma, tus labios, ese par de besos tiernos y ¿Porque no?. Que en vida tu fuiste mi primer gran amor.

Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos IX

Estoy destrozado, y emocionado a la vez. ¿Cómo diablos puede alguien sentir dos sentimientos tan opuestos a la vez?. Pues así me pasa, y con intencidad. ¿Porqué a mi?. ¿Porqué ahora?. ¿Porqué sin usted?. Me siento nauseabundo, quiero arrancarme los labios. ¿Sabe porque?. Porque hoy bese a la mujer que me ha estado robando su recuerdo paulatinamente. Y lo digo en medio de un suspiro, si un suspiro. ¡Que tragedia!. Yo solo, sólo… Sentí la húmeda recorrerme el alma, como cuando te adentras a lo profundo de las aguas marinas y todo el cuerpo se empapa. Así mismo, amor mío. Perdón, así mismo, mujer de mis ojos. La bese con intensidad, con deseo, con cariño, ¿Con amor?. Debería tomarme unas pastillas de cianuro para apagar todo esto que estoy sintiendo. No puedo traicionarla a usted, y lo estoy haciendo en todo sentido. Con el pensamiento, con el cuerpo, con el pecado del deseo, y lo que es más catastrófico; con el sentimiento. Ese sentimiento que yo pacte para usted. ¿Qué me sucede?. No quiero enamorarme de otros ojos que no sean suyos, no quiero encontrarle sabor a otros labios. Prefiero vivir cautivo de su amor imposible, de su amor austero, de su amor ausente, de su amor limosnero… Estoy llorando mujer de mis ojos, ahora mismo eh mojado este papel, y en mis lágrimas va este sentimiento de traición. Me despido, pero ahora sin un solo te amo. Sería demasiado triste para mi. En estos aciagos momentos solo quiero cerrar los ojos. Mañana será otro día. Siempre suyo (aunque posiblemente no me crea más); Eduardo Horta.
Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos VIII

Mujer de mis ojos VIII
Mujer de mis ojos, no se sí sea correcto decirlo, pero es honesto. Estos días eh estado compartiendo momentos maravillosos con la chica sobre la cual le eh contado últimamente aquí, en mi lugar de desahogo. Y digo que talvez no es correcto decirlo, porque la amo a usted. Pero sabe, últimamente me ha dado por no pensarla tanto como antes. Y con ello no quiero decir que la este olvidando, o que el sentimiento se me este escapando a otros ojos. Eso jamás sucederá. Lo que si estoy seguro es que estoy madurando el sentimiento, llevándolo a un mejor escenario. Uno muy bueno para mi, pues ahora puedo pensarla sin ese dolor casi de parto que me aquejaba hace algún tiempo. Estoy tratando de trasmutar todo este amor, para seguir amándola a la distancia, para seguir soñandola mía, aunque enamorada de otro, para seguir plasmando la aquí. Mujer de mis ojos, toda esta metamorfosis me tiene confundido, pero sobre todo con ganas de seguir, de conocer otros labios, otras manos, otros ojos, otro amor… Consciente de que es usted mi primer amor, el más grande, el más honesto… Pero ahora mismo talvez no el único. Mujer de mis ojos, si la ofendo con esto, perdóneme usted. Sólo piense que la felicidad no se me puede negar todo el tiempo. Porque se que amar no significa estar condenado a la desgracia, por el contrario, quien ama; es la persona más dichosa que puede existir en la inmensidad del universo. Me voy, que el frío me tiene jodido. Bonita noche, recuerde que siempre suyo; Eduardo Horta

Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos VII

Mujer de mis ojos, por fin me llego respuesta sobre la carta donde hablo sobre usted. La escribiré aquí con punto y coma.
Hombre, no tengo una palabra exacta para describir lo que su carta me hizo sentir. Eso le nació del alma, de lo más profundo de sus entrañas. Letra a letra pude sentir su dolor, su desesperación, su amor. No conozco hombre alguno que ame como ama usted, incluso, podría apostar a que no conozco a persona algún con esa intensidad sentimental como la suya. Llore, sin parar, me trasladó todo, pero todo lo que siente usted en ese pequeño, pero gigante texto. Me habían dicho que las letras en ocasiones te hacen vivir, y sinceramente nunca había vivió en ninguna lectura. Ah sido usted mi primer hombre (en hacerme sentir algo mediante letras), sientase orgulloso. Tiene un talento bárbaro. Esperare con ansia su siguiente carta. Le confesare algo, siempre que veía películas clásicas, me soñaba enamorada de un hombre que me enviase cartas. Ojalá que sea usted (Que aventada soy, disculpe, no pude evitarlo). Sin más por el momento. La ahora admiradora de lo que escribe; Esmeralda Blake.
Se da cuenta mujer de mis ojos, existe alguien ahora que entiende (aunque a medias) lo que siento. Además, gane una admiradora. Jamás pensé que a alguien podría llegar a gustarle lo que aquí plasmo. Porque además nunca fue mi intención. Yo escribo únicamente para que usted pueda leerme algún día, para llegue a comprender la grandeza de todo esto. Lo extraordinario de todo esto es que me siento un poco más libre, más independiente, incluso más ligero. Bueno, me voy. La amo, ya lo sabe usted. Siempre suyo; Eduardo Horta.

Eduardo Horta G’

Mujer de mis ojos VI

Mujer de mis ojos, me siento extraño. Puede que a usted no le importé, pero quiero contarle que eh estado intercambiando misivas con aquella mujer que le conté en mi escrito anterior. Me he sentido sucio, porque mis letra sólo deberían ser de usted, para usted, por usted. Es sólo que necesito desahogar todo este manojo de emociones que aún fluyen por usted. En mi primer carta le conté de como es que usted y yo nos conocimos. Mis dedos estaban locos arrasando ese pedazo de papel. Acompañado de mi cigarrillo y de la inspiración presa suya, escribí a detalle aquella tarde de abril. La mejor tarde de todas, en que por vez primera mis ojos vieron los suyos, aquel hermoso día de abril en que mi corazón conoció lo que se siente en un latido enamorado, en aquella tarde de abril donde me enamore de usted, perdidamente, honestamente, eternamente… Mujer de mis ojos no se si usted recuerde aquel día, me encantaría platicarlo junto a vos enredados en una taza de café, o de ese te que usted tanto disfruta. Le diré que guardo como una fotografía aún ese beso inesperado, tan magnífico, que aún ahora, tanto tiempo después, me hace temblar. Ah (suspiro), es tan maravilloso estar enamorado, aún cuando no se es correspondido. Como explicarlo… Es algo así como, subir al cielo, aunque no lo conozco, se hablan sobre el tantas maravillas, que se que lo único que se puede acercar a este sentimiento, sería el cielo mismo. Mujer de mis ojos, estoy a la espera de la respuesta de la dama aquella. Quiero saber que piensa sobre todo esto, y es que es la única persona que sabe que me estoy muriendo de amor, y que a su vez es este mismo amor lo que me sostiene vivo, completo… Ni si quiera usted lo sabe, que ironía. ¿No?. Que más da, nuevamente me deleito escribiéndole, pero ya es tarde, y el frío es insoportable. Mis dedos están entumidos, así que iré a dormir. Que pase usted una bella noche. Siempre suyo: Eduardo Horta
Eduardo Horta G’