Mujer de mis ojos XI

Querida hoy eh sentido una necesidad imperiosa de verla, de tocarle. Aunque soy consciente de mi realidad, de que sólo puedo sentirla. Pero le aseguro que sentir es un millón de veces más gratificante que ver. Aún así, extraño esos ojos color marrón, ese cabello acastañado, y sobre todo; esos gruesos labios de un rojo pasional. Hoy no hay mucho que contar, mi vida ah navegado en calma estos días. Sofía y yo hemos pasado momentos muy placenteros. Es una gran mujer, su paciencia raya en lo absurdo. No le molesta la sombra de usted, e incluso, de cuando en cuando ella me recuerda lo mucho que la amo a usted mujer de mis ojos. No se si por masoquismo, o simplemente por rendición, sabedora de que es usted mi musa de mil historias. ¿Sabe?, me estoy agobiando de escribirle tanto, y no tener una sola miserable respuesta. Por razones obvias comprendo que no me escriba, incluso que no haya leído nada de esto. Pero mis letras se están volviendo inútiles, arrumbadas en el buró que encierra mi cuaderno una vez que lo sierro. Pero sigue despejando esto mi mente, y mi espíritu entero. Porque la dibujo en mis entrañas, y luego de ahí pasa a formar parte de esto que vivirá aquí por siempre, hasta que sea yo un gran escritor. Señorita, la amo, me despido. Siempre suyo: Eduardo Horta
Eduardo Horta G’

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