Mujer de mis ojos XII

Mujer de mis ojos XII
Mujer de mis ojos, casi una semana de ausencia por aquí. Disculpe usted, pero el amor me tiene ocupado. Si, el amor. Y esta vez no es su amor. Esta vez es el amor de Sofía, que me ah colmado los días casi completos. Estos últimos días la he pensado muy poco mujer mis ojos. Casi siempre pasa cuando me voy a dormir. Cuando me alejó de este mundo violentó y me adentro al mundo de los sueños. Cuando abrazó la almohada para preparar mi cuerpo, es cuando llega usted. Me inunda la cabeza y me pone a pensarla de mil maneras hasta que me quedo dormido. Lo extraño es que poco a poco esos pensamientos se alejan de mi. Ayer Sofía me pregunto lo siguiente;
-¿Como va su corazón Señor Horta?.
Un rara pregunta, y digo rara porque nunca nadie me había preguntado algo semejante.
-Va muy bien. Aveces de acelera, sobre todo cuando estamos juntos. Sofía, ya no eh pensado mucho a Zoe, y eso me preocupa.
-Me alegra, y perdón que te lo diga Horta. Pero si estoy aquí, si sigo aquí a pesar de saberte enamorado de ella es porque mi corazón alberga la esperanza de que algún día me ames tanto como a ella.
-Eso no sucederá. Nunca amare a nadie como ame a Zoe.
-No digo que me ames como a ella, porque eso implicaría que no estuviéramos juntos. Yo quiero que me ames con esa misma intensidad pero de manera diferente. Porque a ella la amas en la distancia y mi me amaras en cada beso. ¿Vez?. Es diferente, pero no menos bello.
Mujer de mis ojos, Sofía tiene razón. Puedo amarla a ella, incluso más que a usted. Porque su amor es miserable, y el de ella lleno de bondades. ¿Cree usted que alguien pueda amar a dos persona a la vez?. ¿Sabe?. Mi mente cínica me dice que si, y tengo unas enormes ganas de amar a Sofía como la amo a usted, pero con la diferencia que ella misma me hizo entender; A ella la amare en el abrazo, en el beso, en la caricia, y a usted, a usted sólo la amare en la soledad, en el dolor, en la lejanía.
Me siento maravilloso, tengo muchos motivos para sonreír. Usted, es uno de ellos, porque me enseño a amar sin condiciones. Y ahora por Sofía, que me ha enseñado que aunque uno pierda en el amor, nuca debe dejar de intentar.
Me voy, linda noche, siempre suyo; Eduardo Horta.
Eduardo Horta G’

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