Mujer de mis ojos XV

Mujer de mis ojos, hoy la vi. Siento como si me hubiese arrollado un camión. Sigo sin poder creerlo, o talvez no quiero creerlo. Estaba con Sofía, abrazados, viendo la vida pasar mientras nosotros estábamos absortos en un mundo que se resumía a ella y a mi. Ignorábamos todo nuestro entornó, porque nuestras almas estaban fundidas, combinadas en una misma. La miraba y me miraba. Eso hasta que usted se me apareció después de tanto tiempo. Y de que manera. ¡Caray!. Fue como un puñetazo al corazón. Mi estómago se retorció cuando la vi tomada de la mano de el, pero eso no fue lo peor. Cuando giraste pude ver la semilla de su amor. Su vientre lucía abultado, como cuando se come en demasía. Quede paralizado y Sofía me tuvo que sacudir.
-¿Que pasa Eduardo?. ¿Estas bien?.
-Si, todo esta bien.-
Sonreí forzadamente y le acaricié la mejilla. Para después voltear mi mirada nuevamente hacia usted. Quería comprobar que en realidad estaba viéndola embarazada. Y así fue.
-Vamos Sofía, quiero irme a casa.
Le dije con la mirada agachada, ni si quiera la vi a los ojos. No quería que notará mi tristeza, aunque era imposible. La tristeza al igual que el amor, difícilmente se puede esconder.
-¿Que te sucede?. Confía en mi, de que algo pasa. Y no moveré un pie hasta que me digas.
Me desarmo, además sabía que no podía mentirle, no lo merece. Ella siempre ha sido honesta conmigo. Y la honestidad tiene una ley de tracción casi ineludible, así que tuve que ser honesto…
-Zoe. Sofía, Zoe esta aquí.
Mi angustia aumentó cuando pronuncie su nombre frente a Sofía. Su mirada comenzó a escudriñar el lugar, supongo que buscando a Zoe.
-¡Oh!. Era eso. ¿Es ella verdad?. La del blusa rosa.
-¿Como supiste?.
-Horta, me has hablado tanto de Zoe que siento que la conozco casi tanto como tu.
-¿Podemos irnos?. No quiero estar aquí. Además no quiero que me vea, creo que aún no se ah dado cuenta que estoy aquí. Anda, vamos.
Durante el camino no dijimos una sola palabra, ni si quiera nos tomamos de la mano. Y yo me resistí a llorar. Llegamos a casa y nos despedimos de manera fría.
-No se que decirte. Ve a tu casa y piensa bien que quieres hacer y que sientes. Creo que Zoe ya no es opción para ti. Ella ya eligió, será madre. Y ahora tu debes elegir, y, ¿sabes?. Yo haré lo mismo. Mañana hablamos.
-Sofía…
-No digas nada. No quiero que me lastimes.
No pude decir nada más, gire y me marche.
Mujer de mis ojos, todo término. Usted será mamá, y yo no soy el padre. Todo acabo, porque aunque la amo, nunca me permitiré dejar a un hijo sin su padre. Estoy jodido. Linda noche. Siempre suyo: Eduardo Horta

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