Recordando

Las memorias que tengo sobre Zoe son intermitentes, cambiantes en demasía. Como lo es mi vida, o la vida de todos. Siempre en constante transmutación. Aveces la recuerdo en el dolor, otra veces en la pasión, y muchas otras en el sentimiento casi intacto hacia sus ojos. Es extraña mi manera de amar. Muy profunda, casi como un acantilado. Y muy firme, más que el sedimento. No logró olvidar, porque considero que el olvido no forma parte del amor, por el contrario. Amar y olvidar son como una clase de antónimos o acérrimos rivales. Quien ama nunca olvida, y quien olvida nunca amó. Aún en la agonía de la pérdida, las personas podemos sentir una cercanía. No física, pero si espiritual, sentimental… En ocasiones extraño con ardor el roce de sus blancas manos, y el susurro de su voz tan cerca de mi oído, o el silencio majestuoso acompañado de un abrazo magnético, que hace que el tiempo no exista, que no tenga sentido nada, sólo sus brazos rodeando me el cuello. Pero hay ocasiones en que ser fuertes es una obligación, bajo la condición de seguir viviendo la vida, por más amarga que sea, por más aciaga que resulté, por más oscura que se vuelva. El amor puede visitarnos una ocasión solamente, en toda la vida, hasta que parece dejarnos sin latidos. Zoe debe ser esa única ocasión, porque la fuerza de todo esto ha superado mis límites creíbles, mis límites humanos. Pensé que moriría, pero nadie muere de amor, absolutamente nadie. Sólo es un lapso de ausencia de deseo de continuar. Pero pasa, termina por pasar. Como pasa una larga y fría lluvia, como pasa un terremoto devastador, o un tornado que devora todo a su paso. Después a reconstruir todo, paso a paso, parte por parte. Con paciencia, con esfuerzo, con muchos altibajos, con momentos donde sólo se quiere huir, correr lejos, a la nada. Luego el cielo se hace claro, como el agua cristalina. Y es ahí cuando maduramos, cuando crecemos el sentimiento. Porque después de toda esa debacle, amaremos más fuerte, con mayor sabor. Mi tormenta casi termina, necesito reconstruirme, erigirme con solidez.. Para amar más aún a Zoe, porque no pretendo dejar de soñarla, de pensarla, porque no sería capaz de traicionar esto, que es lo mejor que jamás me ha pasado. Aún cuando sufrí, y aunque sigo con el flagelo a flor de piel. Zoe debe ser mi némesis, porque me aniquila y me regresa a la vida, siempre que quiere, y siempre que quiero. Sólo esas tres letras de su nombre pueden voltearme el mundo. Y no siento culpa de nada, porque, ¿Quien es culpable de amar a alguien que no le ama?. Me siento libre en ese aspecto, muy libre. Porque amarla me enseño lo fuerte que soy, y que el amor supera cualquier límite, incluso nuestro limite. Amar me enseño que aún en el dolor son buenos lo recuerdos, y que se puede sonreír después de llorar, que se puede amar a alguien que esta lejos, que se puede soñar despierto, que el dolor no mata, sólo enseña, que el sufrimiento nos hace humanos. Amar pues, me enseño que puedo ser siempre que me proponga: una mejor persona…

Eduardo Horta G’

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