Carta a un amor imposible

Querido amor imposible:
Te escribo porque tengo el deseo imperante de hacerlo, pero más aún, de que sepas que mi fe sigue puesta en ti.
Echar la mirada al pasado me exige no hacerlo, pero el sentimiento es el que activa mis manos, que se vuelven presas de la tinta que ha de inmortalizar tu nombre. Pensé durante varía noches sobre si era prudente escribirte algo que talvez nunca leerás, pero al final me he dado cuenta que esto no recae en la prudencia, si no más bien en la necesidad. La necesidad de expulsar, de escupir todo completamente. Y ahora estoy aquí encerrado en las cuatros paredes de mi madriguera, con la tenue luz del bombillo de la lámpara que ilumina las hojas que guardan ahora dentro de si lo que mi voz es incapaz de gritar, de gritarte.
Quería empezar con un te amo, pero es mejor terminar con ese par de palabras que envuelven un puñado de sentimientos rotos.
Así que empece por explicarte el porque de estas letras, aunque muy en el fondo pienso que estoy explicándome a mi porque las estoy palpando.
En fin, me enfocare en el título. Amor imposible, y digo imposible porque así lo veo, más allá de que muy poco creo en los imposibles. Pero, decidí llamarle así a esto, porque eso es, un amor imposible, pero así mismo un amor bello, incomparable, ciego, infinito, honesto, fiel, inagotable, y sólo tuyo. Porque no es mío, en ningún contexto. Todo lo que siento lleva tu nombre, tu apellido, tus ojos y hasta tu dolor. No encuentro la manera de olvidarle, aunque le haya madurado, puesto que comprendí que lo único que nos une son mis ganas de inmortalizarte y de verte siempre plena, feliz, aunque sea a kilómetros de mi, en el sentido literal, o físico, porque en realidad sólo estas a centímetros de mi corazón.
No tengo ningún reproche, por el contrario. Te agradezco todas esas noches de llanto, de soledad, de vacío, de dolor. Porque gracias a eso descubrí el amor, y una de las misiones o consignas del ser humano es esa: conocer el amor. Y yo lo he conocido, aunque no pude poseerlo, sigue siendo mío. Suena extraño lo se, talvez hasta contradictorio, pero es cierto, aunque no te tuve nunca, siempre has sido mía, y yo tuyo sin ninguna condición. Me he cansado de escribirte en silencio, sin usar tu nombre, porque esta historia es mía y tuya, sólo nuestra. Es por eso que aunque algún día alguien la lea, desconocerá la escencia de esos ojos marrón, yo así lo decidí y no cambiare esa decisión nunca, como esto que siento, que me acompañara hasta el día en que mi corazón no quiera más latir.
Te amo, con todo lo que implican esas dos palabras. Sólo a ti amor mío, porque me llevas a la locura, esa locura que me hace amarte más que a mi vida.
Siempre tuyo: Eduardo Horta G’

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