La despedida

Acordamos vernos a eso de las ocho de la noche. Estaba entusiasmado, como cada que iba a verla. No pensé que ese día tendríamos que despedirnos, de haberlo sabido, aún estaría aferrado a esos labios rojos.
Cuando llegue me entrego una carta.
-Léela, ahora mismo por favor.
Me dijo con la mirada clavada en el suelo, escondiendo talvez lo que estaba a punto de leer.
-Me asustas, ¿porque tanta prisa?. Puedo leerla en casa. Es la primer carta que me das, así que me gustaría leerla en privado. Ya sabes, amo la privacidad.
Masculle mientras le tomaba la cintura y la acercaba a mi para besarla.
-Sólo léela, ¿si?.
-Esta bien. Si es tan importante, lo haré ahora mismo.
Javier, es muy difícil decirte esto…
El comienzo de la carta me dejo helado. “Difícil”. Esa palabra sugiere un sin fin de cosas dolorosas. Levanté un poco la mirada para ver a Zoe que estaba jugando de forma nerviosa con sus manos.
Ni si quiera se como empezar. Verás, ayer recibí una noticia terrible, y digo terrible porque ahora mismo me ha partido en Dos. Mis papas decidieron que nos mudaremos a otro país, y ya sabes…
Después de leer eso comprendí porque eso de “difícil. Mi Zoe se marcharía, o al menos eso es lo que parecía iba a suceder.
Yo no quiero, bajo ninguna circunstancia separarme de ti, pero, ¿que hago?, mis papás me llevarán por fuerza, si es posible de rastra y no hay nada que yo pueda hacer. Siento que voy a morir, sin ti amor mío. ¿Sabes porque?, porque la distancia sentimental debilita, hasta que las personas morimos de inanición amorosa, por eso de que el amor se debe alimentar. Desearía que en este momento que lees mi carta tomarás mi mano y corriéramos juntos hacia la nada, a donde nadie nos separara, donde sólo fuéramos tu y yo, al unísono, pecho a pecho, beso a beso, piel con piel, amandonos hasta acabarnos el mundo entero. Pero se que es sólo una ilusión, me queda claro que tenemos que separarnos, aunque llendo me se acaba todo lo que me hace segur viva. Una vez te dije que tu eras mi principio y también mi final. ¿Sabes porque lo dije?, porque tu me enseñaste a amar, y a sentirme amada. Y se que después de ti no hay más.
Quede mudo, doble la carta y la metí en la bolsa trasera de mi pantaloncillo. Zoe seguía jugando con sus manos, sentada en una banca, mientas yo permanecía parado, en otra dimensión. Sabía que el amor de mi vida se marcharía y en realidad quería tomarla de la mano y llevarla conmigo como lo dijo en su carta. Pero, ¿que podía ofrecerle un chico de mi edad?, nada. Sólo amor, y de amor no si vive, aunque se mantiene uno vivo. Me sentí un estúpido por no poder tomar a la mujer de mis ojos y evitar que la alejarán de mi, además quería llorar, pero no lo iba a hacer frente a ella. Me acerque, me senté a lado de ella y le dije.
-Te amo. ¿Sabes?, el amor es un cúmulo de pruebas que se tiene que superar. Dicen que las cosas que valen la pena tienen que ser difíciles de conseguir, y más aún de retener. Zoe, hoy te dejo ir, pero no tan lejos. Recuerda que siempre estarás en mi corazón, y no lo digo en sentido figurado, pues, sabes que eres la única mujer que podré amar en toda mi vida. Así que lo que te quiero decir es que toda la distancia que puedas tomar no podrá separarme de ti, porque yo te amo y tu me amas y eso basta para estar siempre juntos. En el silencio, en el recuerdo, en el llanto, en la sonrisa y en todo lo que la vida nos valla presentando. Porque estoy impregnado de ti, y todo esto que siento no lo borrarán unos cuantos kilómetros. Alguna vez volveremos a vernos y te aseguro que nunca más nos podrán separar, porque prometo ser mejor en todo aspecto, para que cuando estemos juntos de nuevo sea como una muralla que te protegerá de todo u de todos.
-Te amo Javier, espera por mi, que yo volveré y entonces seremos una sólo persona, tu y yo por siempre, como dos personas que pactaron amar se toda la vida.
-Abrazame, no digas nada mas.
-Veme a los ojos y dime que amas por última vez.
-Te amo, y no es por última vez. Aunque no me escuches te estaré diciendo te amo todos los días.
Se acurruco en mi pecho, yo estaba observando el cielo. Hasta que las campanadas de la iglesia marcaron la despedida.
-Me voy.
Me beso, acaricio mi rostro, le tome la mano y se la bese. Dio media vuelta y comenzó a caminar, en el ocaso del sol. Mis pies temblaban, quería ir tras de ella, pero no podía. Así que sólo la observe alejarse, mientras todo mi amor se iba tras sus pasos.

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