Un nuevo suspiro

Todo llego con la rápidez con la que un rayo de luz surca el cielo. Sin avisos, sin nada. Sólo me toco y bang, ya no pude hacer nada, o en realidad no quise hacer nada. Esta vez decidí dejarme llevar, al paraíso, o al infierno según pase… Mi respiración empezó a ser diferente, he inconscientemente le agradecía a Dios por eso. Porque me regreso el alma al cuerpo, por decirlo de alguna manera. También me cambió la mirada, el pulso, el pensamiento, y mi visión sobre el amor y todo su entorno. Los primeros cosquilleos me asustaron, para ser sincero, pero, después me alegraban el día. Mensaje a mensaje me colmo el día entero y acribillo todo atisbo de temor, de ganas de abdicar, de ganas de huir, además, me hizo enfocarme sólo en su sonrisa, por lo que me olvide de las demás, sin que suene patán. Cuando se ausentaba, la extrañaba, e impaciente esperaba en la pantalla de mi móvil las cuatro letras de su nombre aparecer, para traer consigo ese cosquilleó del que hablo. Por las noches pensaba en que debería hacer muchas cosas para estar a su altura, a sus necesidades. Y por la mañana me levantaba como un guerrero en busca del éxito que en pequeña o mediana medida se me ha dado. Después empece a escribir, lo mejor que se hacer, pero esta vez no a Zoe, si no a ella, Dave, la chica de la sonrisa que me volteo el mundo, a ella, a Dave, aunque todo parezca absurdo, le escribo a ella, porque los suspiros que de mi escapan ahora tienen su bello nombre.

Eduardo Horta G’

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