Estábamos enamorados

Nos alejamos porque inconscientemente teníamos pavor a todo lo que implica estar enamorados, aunque ya lo estábamos. Contestábamos mensajes a medias, cuando en realidad queríamos escribir un libro entero ahí. Nos detuvimos, y pienso yo que es natural, incluso, lógico. ¿Cuantas personas son lo suficientemente valientes para enamorarse?, yo no conozco muchas. Nos fuimos apagando, pero nos amábamos, con tanta fuerza que éramos como polos iguales, y los polos iguales se repelen. Las cartas comenzaron a perderse, las flores a secarse, el saldo comenzó a agotarse. Y así dejamos de hablar por horas, como al inicio: por la mañana antes de ir al trabajo, por la tarde en la hora de la comida, y por la noche antes de dormir. Aquellas horas se fueron convirtiendo en minutos, después en segundos, y luego en nada. Los besos fueron perdiendo sabor, y no porque el amor lo haya perdido también, si no porque el tiempo nos gasto los labios. Las palabras comenzaron a ser vacías, poco sinceras, dañinas, contrarias a lo que pensábamos, eso que a toda hora nos decíamos. Las caricias ahora fingidas, obligadas, sólo para no perdernos uno a otro, porque éramos conscientes que cuando la intimidad se perdiera, se perdería todo. Y no es que nuestra relación pendiera del sexo, pero, lo demás estaba tan gastado, que, era el único hilo que nos amarraba aún, por eso lo hacíamos a menudo, pero sin deseo, tengo esa certeza. Nos convertimos en extraños, no totalmente, pero deje de conocer sus gestos, porque así sin más empezamos a vernos sólo muy casualmente. La rutina, decía ella, y en el fondo también lo decía yo, con sinceridad, hasta que me ahogue. Muy tarde quisimos cambiar eso, y las flores regresaron, los mensajes y las llamadas también, incluso las palabras edulcoradas. Pero, (porque en el amor también hay peros), ya nos habíamos perdido, nos habíamos alejado, nos habíamos abandonado… Y lo trágico de todo es que aún no amábamos, a pesar del tiempo, a pesar de la rutina y todo lo que dije anteriormente. Nos amábamos de una manera rara, pero verdadera. Nos amábamos tanto que decidimos alejarnos, para ser los dos felices en otros brazos.

Eduardo Horta G’

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