La conocí en un día inesperado 

La conocí un día inesperado, al lado de quien fue mi mejor amiga por tantos años. Ni si quiera estaba arreglado para la ocasión, pero, ahora mismo me doy cuenta que nadie, absolutamente nadie, está arreglado para enamorarse. Eso es más maravilloso aun, porque llega sin esperarlo, y en la sorpresa está esa maravilla. No quiero ser hipócrita y decir que me enamoré a primera vista. Puede que haya sido en la segunda o tercera, no recuerdo bien. Sólo sé que fue rápido, no tuve mucho tiempo para pensar o asimilarlo si quiera. Venia arrastrando un par de decepciones, y las decepciones nos vuelven apáticos, o al menos a mi así me pasó. Creí que no pasaría nada, me estaba resistiendo a otra desilusión anunciada por todas mis vivencias. Mi cuerpo guardaba lagrimas y gritos que se fueron ahogando en un silencio crudo. Pero, era estupido pensar de esa manera, a final de cuentas yo también he lastimado a muchas personas. Por mi patética insistencia de siempre poner una barrera entre alguien que puede enamorarme y yo. Es cierto que me habían amado muchas veces, pero no era precisamente el amor que yo necesitaba. El que había necesitado se había marchado hace mucho tiempo, en los labios de una chica que no dio un centavo por mi. La mente juega un papel importante en el amor, muy a pesar de que todos hablan que el corazón es el que manda y esas cosas cursis. En mi caso, mi mente se volvió como una muralla, como una especie de trampa que atrapaba a las chicas pero que me mantenía siempre al margen a mi. Hay un momento exacto en el que me deshago de lo que estoy si entiendo, es raro, pero así sucede. Es como si mi mente me dijera; oye, hasta aquí llegamos, esta es la zona de peligro. Y ante un inminente peligro a mi bienestar emocional, empezaba a alejarme, con ausencia tan prolongadas que terminaba por destruir lo que apenas se estaba construyendo. No sé cuantos corazones partí, y no lo digo con vanidad, al contrario; en el preciso momento en que escribo esto siento un pesar muy profundo. Se me pasean todas esas chicas y recuerdo la mirada de todas y cada una de ellas, tan frágiles ante mi, ante mis letras, ante mi incontrolable saberlo todo, ante mi cariño y mi frialdad al siguiente instante. No quería aceptar que esta nueva chica estaba haciéndome sentir algo, de nuevo mi mente jugaba en mi contra, tanto, que, a los dos o tres besos quise marcharme. Me sentía perdido, y no sólo me sentía, en realidad lo estaba. Perdido con mi estilo de vida lleno de egolatría y fanatismo hacia mi mismo. Aunque era consciente que era mi mascara para mostrarle al mundo cuan inútil me sentía. Siempre funcionó, es decir, el escritor paseaba con la frente en alto en todos lados. Y las personas deducían que era casi inalcanzable, aunque la realidad era que me encontraba más frágil que un papel mojado. Después de querer huir, hice algo que sólo había hecho a mis 19; luchar, luchar contra mi, y la lucha contra uno mismo es la mas fiera que se pueda llevar en la vida. Luchaba contra lo que sentía, y lo que sabia me costaría reconocer. Luchaba contra mi pasado que había insistido tanto los últimos meses en hacer presencia. Luchaba contra la gente que no quería verme mas como el escritor que había construido. La estaba pasando bien, y mal, flagelante dualidad. Aún así la lucha la hacia a medio esfuerzo, en ocasiones no sentías necesidad de luchar por algo que no fuera mis sueños de no ser olvidado. Eso hasta que ella me dio los motivos suficientes para vencer por fin a mi mente. Y no fue por medio de un beso, ni de una caricia. Ni si quería estábamos juntos ese día. Sólo recuerdo que me contó tanto sobre ella que leerla me cambió todo, todo. Fue así como se convirtió en mi lectura favorita, de noche, de tarde, de día, de madrugada, a todas horas. Cabe mencionar que leer es mi segunda actividad favorita, después de escribir, por su puesto. Leerla me apegó, de la manera más atípica que podía sucederme a mi, en la edad menos esperada, en mi situación más extraña. Y digo extraña porque ya para entonces era un escritor medianamente conocido, ya empezaba a recibir miradas en la calle, mensajes de personas que sé jamás voy a conocer. Pero en mi vida profesional no todo marchaba sobre ruedas, como pasa ahora, padecía de un hueco profesional que hostigaba todo mi ego. No era tan grande como yo pensaba serlo cuando devoraba mis libros en la universidad. Fue falta de dedicación, o mala fortuna, lo que queda claro es que algo no estaba haciendo bien, estaba… Me cambió todo, incluso eso. Pienso que las mujeres quieren a su lado no solo a un hombre que las sepa mimar, si no también a un hombre capaz en todos los sentidos. Y me lo clavé en la mente, y cuando yo me clavo en la mente no hay nada que no pueda hacer, de nuevo mi ego, o mi mentalidad, no lo sé, pero esa parte muy mía me encanta. Todo empezó entonces a conspirar a mi favor, conseguí un mejor empleo y los frutos comenzaron a relajar mi mente, y solo así fluyen mis letras, cuando encuentro esa paz. Me sentía, y me siento inspirado, como cuando quieres conseguirlo todo, pero ya no para ti, ahora para quien está contigo, sólo para hacerle feliz, porque sabes que su felicidad te hará muy feliz.


Eduardo Horta G’

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