Era su cintura 

Era su cintura que encajaba en mis brazos, su cabello húmedo y desaliñado, sus sueños puestos en mi pecho después de que el interruptor nos llenó de oscuridad, o su piel repleta de historia, no mía, pero al fin historia. Era eso, que sé yo, el caso es que me robaba el sueño. Sólo cerré los ojos para inútilmente intentar dormir, mientras la tenía en mis brazos y lo único en que pensaba era en lo maravilloso que era tenerla ahí; mía, de ella, de los dos.
Eduardo Horta G’

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