Entonces la vi

Entonces la vi con la misma sonrisa que el primer día, con el cabello igual de perfecto, con el mismo tono de voz, con la mirada y su brillo impecable, con las mejillas igual de rosadas. La vi, detrás de mis gafas oscuras, sentado de manera invisible para sus ojos, tan lejano en nuestra cercanía. La vi, sin que se diera cuenta de la nostalgia que me separaba de ella, sin que percibiera que mi corazón latía apretadamente por no poder tomarle la mano, sin que sus manos rompieran todo el vacío que había desde su partida.

Eduardo Horta G

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