Hay cosas que nunca dije

La luna se asoma; lejana, inalcanzable como los recuerdos de un Abril que nunca más volvió. Se asoma a hurtadillas sobre el follaje de un árbol que ha permanecido, por lo visto, muchos abriles parado, como si el tiempo no pasara por él, abanicando el clima con el caer de sus hojas, llenado de melodías con el silbido de sus ramas que van y vienen con el soplo del viento, maquillando el suelo que abraza esas hojas que caen con la lentitud propia de una despedida; como si no quisiesen marcharse de su árbol.

El viento lo gobernó todo por un momento, incluyéndome en la ecuación. Mientras mi mirada seguía perdida entre el árbol y la luna, en la nada que fungía como todo, a la espera de algo, o alguien que pudiese que no llegara. No era la primera vez, habíamos hecho algunas citas previas que no había tenido conclusión. Pero, hice contra parte al viento, pues, permanecí calmo ante la espera, con lo difícil que se vuelve esperar a alguien que te gustaría tener siempre frente a ti.

-Canalla, disfrutas de la Luna sin mi.

Di un sobresalto sin tomarme la molestia de voltear.

-Soy tu canalla favorito, y no puedes negarlo. ¿Cierto?

Permanecí inmóvil, con la pupila inseparable de la misma luna de siempre.

-Siempre, lo sé, lo sabes.

Se sentó a un costado mio tomando mi brazo y respirando tan cerca de mi que podía olerla.

-Nunca está de mas escucharlo.

Por fin volteo, y veo un rostro carente de maquillaje, excepto el de la vida; lineas de expresión, la comisura perfecta que pronunciaba sus labios, ojos un poco mas cansados, y detalles que no pasan desapercibidos. Volví a perder la mirada en un punto aun lejado, pero que me acercaba a ella, puesto que siempre que quería ver algo que ella pudiese ver al mismo tiempo que yo, veía la luna.

-Tengo tanto por decirte, como cada que nos vemos. Estas citas se han vuelto como una catarsis, un desahogo para todo lo que nunca te dije. No sé si por cobardía o por el hecho de que cada que estábamos juntos no podía pensar. Tú sabes, dicen por ahí que cuando la emoción sube la inteligencia baja y estoy seguro que yo era un retrasado siempre que tus ojos se cruzaban con los míos. Me costaba mucho trabajo pensar, y justo cuando te ibas te pensaba sin cesar… Eso se llama dictadura, una dictadura perfecta, porque fuí tan feliz mientras mi cerebro se marchaba y después cuando regresaba con toda la fuerza sólo para seguir contigo. Y, bueno, no hablo si quiera de emociones, porque si hablo de lo que sentía puede que te de diabetes.

Dije como un susurro, un suave susurro que estaba lleno de lo mas honesto que tiene el ser humano: amor.

-Quizás ya me está dando diabetes, pero tu susurro es como insulina, la insulina perfecta. Siempre acudo a ti cuando me siento vacía, suena cruel, pero tú me llenas, llenas esos espacios que la vida me fue imponiendo, con todo lo estúpido que es tener la felicidad a un lado y sólo aceptarla de manera momentánea. Te he tenido tan poco que merezco mas, ademas, siempre vuelves aquí, sin que te deje huellas, y eso me enseño algo; llevas las huellas de nuestro destino. Siempre vamos a estar juntos, a pesar de las circunstancias y con todo el pecado que incluyen nuestros encuentros. Nunca me siento tan feliz siendo incorrecta como cuando esa incorrección me lleva a ti. Somos un juego infinito, un momento inacabable, un beso que jamas deberá terminar.

-Eduardo Horta G´

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