Gracias por todo

Me había vuelto bipolar, odiaba y amaba en segundos. Pero no era tu culpa, es decir, ¿cómo podría culparte de mis propios sentimientos? También era arrogante, más de lo que soy ahora. En cierta medida era eso lo que me hacía bipolar, una lucha tan feroz contra lo que sentía. Hasta el aire era amargo, bueno, normalmente el aire no tiene sabor, pero en esas circunstancias se lo encontré. Vamos, en ocasiones cambia todo; eras esa excepción a la regla. El rayo de sol que nunca llegó, la gota de agua que terminó por vencer a la roca. ¿Comprendes? Algo muy grande, más que todo mi ego. Y para entonces yo tenía una muralla a manera de escudo. Pretendía protegerme de ti y de todo lo que podías hacer conmigo. Era tu lienzo en blanco, y el problema es que no tenía una idea de los colores que utilizarías sobre mi. Porque contigo eran en ocasiones grises, otros oscuros como a la media noche en invierno, y también coloridos, llenos de vida, como cuando la primavera azota el patio trasero. Insisto, bipolar, con cambios tan constantes que no alcanzaba a asimilarlos. Eras el frío al lado de la hoguera, que estupido, ¿verdad? La primavera en el polo norte, el copo de nieve sobre la braza, la tinta que escribe bajo la tormenta, la cruda que tiene el abstemio, la música favorita de un sordo. Eras tan frágil, tan bipolar, que me convertí en ti. Sin quererlo, me impregné de todo lo que siempre había huido. Y ahora sólo me queda un mensaje, más bien, tres palabras, “gracias por todo”.

-Eduardo Horta G

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