La lluvia libre tras el tintineo de sus gotas mucha añoranza, muchos suspiros contenidos. Las nubes descargan un principio de vida, que no hace si no, elevar las memorias; memorias de mi pluma, memorias del reflejo de esos ojos marrón que el tiempo no ha podido apagar. Los chorros acumulados se convierten en tinta cuando eres escritor, cuando un día descubriste que podías inmortalizar cualquier momento, cualquier lugar, cualquier nombre; Camila.
Alguna vez la lluvia nos alcanzo a medio beso, a media despedida, a medio latido… empapándonos hasta el ultimo recoveco existente, mojándonos esos momentos inmortales, estilandonos esas palabras eternas que susurramos en ocasiones muy cerca del oído, otras muy cerca del corazón, y otras cuantas muy cerca de los labios.
Saltamos los charcos, aunque algunos los cruzábamos fundidos en un apretón de mano y con los pies hasta el fondo del diluvio, rememorando una infancia que nos vivimos juntos, pero que fue con certeza la culpable de que estuviésemos juntos por aquellos junios, por aquellas lluvias de abundancia en nuestras venas.
Reíamos por los peinados arruinados, enamorados de cada defecto que se asomaban después de un montón de gotas que nos habían golpeado sin tregua, porque en nuestra mirada encontramos perfección, en lo mas imperfecto, en lo menos posible, en lo menos creíble.
Al igual que las nubes, descargábamos vida, vida a nuestras almas enteras mientras la palabra “juntos” había sido total.
La lluvia, pues, es un recuerdo, o muchos; como un relámpago que nos ilumina siempre, como un rayo que grita con fuerza que hubo una historia que jamas va a ser olvidada mientras yo siga escribiéndola, mientras tu sigas recordándola con una sonrisa.
 
De mi libro “Cien días después de ti”

-Eduardo Horta G´

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Cierra tus ojos 

Cierra tus ojos, el tiempo no lo logró. Sigo ahí, sigues aquí, a centímetros de la imaginación. Piensa en mí cuando lo necesites, recuérdame cada que sientas frío, cada que la oscuridad te de pavor, cada que la soledad quiera hacerte compañía, cada que la vela comience a apagarse, cada que la luna no te ilumine más, cada que el llanto te deje seca, o cuando la voz se te corte cada que le cuentas al mundo sobre lo nuestro. Ciérralos, yo no me iré, tus venas me guardan, tus ojos me ven, aunque, aveces nublado. Cierra los ojos, imagina las veces que me decías te amo, Ciérralos, fuerte, hasta que me encuentres y entiendas que no se va quien no se olvida, quien nunca se deja de amar. 

                          Eduardo Horta G

Imagina

Imagina por un momento que volverás a sentir lo mismo, que las huellas jamas se irán, que los besos te cerraran de nuevo los ojos, que el corazón palpitara descontroladamente, que la respiración perderá el ritmo natural. Pero, sólo imagina, imagina para que te des cuenta que el amor solo golpea con la misma fuerza una sola vez.

Eduardo Horta G

Besame

Besame con el alma, sin la prisa de la desilusión, sin el temor del rompimiento, sin la obligación de que suceda algo después, sin la esperanza del enamoramiento, sin el titubeo que sucede al abrir los ojos, sin las lagrimas de los besos pasados. Besame, de una manera en que la piel pueda gritar de felicidad.

Eduardo Horta G

Entonces la vi

Entonces la vi con la misma sonrisa que el primer día, con el cabello igual de perfecto, con el mismo tono de voz, con la mirada y su brillo impecable, con las mejillas igual de rosadas. La vi, detrás de mis gafas oscuras, sentado de manera invisible para sus ojos, tan lejano en nuestra cercanía. La vi, sin que se diera cuenta de la nostalgia que me separaba de ella, sin que percibiera que mi corazón latía apretadamente por no poder tomarle la mano, sin que sus manos rompieran todo el vacío que había desde su partida.

Eduardo Horta G